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Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial

Nuestra visión compartida con otras entidades y productores nos visualiza dentro del movimiento rural confederado que reivindica una sociedad a medida del hombre, al que concebimos como un ser trascendente, libre y responsable de sus actos, y cuyo auténtico desarrollo lo concierne como persona en todas sus dimensiones. Sostenemos que las estructuras económicas y las instituciones deben ser instrumentos de la libertad humana. El desarrollo humano integral se autentifica en un humanismo trascendental, en el que el hombre encuentra su mayor plenitud y el objetivo supremo de su desarrollo personal. Los valores sociales - la verdad, la libertad y la justicia - son inherentes a la dignidad de la persona humana. El valor de la libertad, como expresión de la singularidad de cada persona humana, es respetado cuando a cada miembro de la sociedad le es permitido realizar su propia vocación personal, que ningún colectivo social tiene el derecho de coartar ni instrumentar en beneficio de interés político, ideológico o material alguno.
Toda la vida social tiene por protagonista inconfundible a la persona humana. Lejos de ser su objeto pasivo, el hombre es sujeto, fundamento y fin de la vida social. Reivindicamos un orden social, económico y político fundado sobre la dignidad y la libertad de toda persona, que debe plasmarse en la búsqueda del bien común como garantía del bien personal, familiar y asociativo.

En un régimen democrático el sujeto de la autoridad política es el pueblo, considerado en su totalidad como titular de la soberanía.
La comunidad política debe estar esencialmente al servicio de la sociedad civil, y, por ende, de las personas y grupos que la componen. La administración pública a cualquier nivel - nacional, regional, municipal- como instrumento del Estado, tiene como finalidad servir a los ciudadanos con miras a la consecución del bien común.
El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana. Juan Pablo II nos advertía sobre "los mesianismos prometedores, pero forjados de ilusiones", que se encarnan en ideologías que simplifican de manera artificiosa la realidad o en el Estado omnipotente bajo cuya "soberanía decisional" se avasallan los derechos inalienables de la persona humana.

Tanto las estrategias de desarrollo local como global son necesarias y no excluyentes para el desarrollo del sector y del país.
La producción agropecuaria ya tiene una agregación de valor importante. Esta actividad pone en acto un enorme caudal de conocimiento sobre las más variadas disciplinas. El mejoramiento genético, la trazabilidad, la investigación aplicada para la generación de prácticas agronómicas, la agricultura de precisión, los servicios posproducción intensivos en conocimiento, etc., se han traducido en un notable aumento de la productividad en un amplio universo de actividades sectoriales.
Estos desarrollos del sector primario tienen un común denominador: son cada vez más intensivos en capital y en conocimiento. Conocimiento no sólo de las técnicas agronómicas en toda su complejidad, sino también de administración, del trabajo en redes, del moderno gerenciamiento y de los agronegocios.
Este camino puede y debe intensificarse a través de nuevas alternativas de producción/comercialización que agreguen valor a nuestros productos primarios, lo cual potencia el desarrollo industrial en una ecuación agro-industria que no es antitética sino complementaria.

La posibilidad de incorporar localmente valor a las materias primas constituye una alternativa válida en la medida en que esté respaldada por su viabilidad económica y por una positiva relación costo-beneficio. Requiere también contar con la infraestructura necesaria en materia vial y energética, sin la cual este objetivo no pasa de ser una mera expresión de deseos.
Argentina produce alimentos para una población que supera ampliamente a la cantidad de habitantes que alberga. Los productores argentinos cumplen acabadamente con la responsabilidad moral que implica generar alimentos en cantidad y calidad para satisfacer las necesidades de la comunidad a la que están indisolublemente ligados.
Por otra parte, el sector agropecuario aporta, por la vía impositiva, cuantiosos recursos al fisco, los cuales, correctamente asignados, deberían ser más que suficientes para solventar las necesidades de la población con dificultades para acceder a un nivel de alimentación adecuado a las expectativas de la sociedad argentina.
El hambre no depende, por lo tanto, de la escasez material, sino de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. El Estado es el principal responsable de esta situación, debiendo en consecuencia adoptar las medidas que resulte necesario para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional.
El movimiento rural confederado, profunda y solidariamente comprometido con el desarrollo pleno de las comunidades del interior, considera que en un país como Argentina resulta inadmisible que una parte de la población padezca las consecuencias de una alimentación deficiente. Esta lamentable situación es fruto de políticas desacertadas que deben revertirse urgentemente, en pos de un país capaz de generar condiciones de vida dignas para todos sus habitantes La sociedad civil se caracteriza por su capacidad de iniciativa, que se traduce, entre otras expresiones, en la generación de formas asociativas a través de las cuales los ciudadanos se agrupan para enfrentar los desafíos de una actividad económico-productiva de complejidad creciente.
La asociatividad es consecuencia tanto de la confianza entre los actores como del marco institucional existente en el país. Tal como se señalara en los puntos anteriores, el Estado debe generar un contexto de reglas de juego y previsibilidad que estimulen a las fuerzas productivas a desarrollar plenamente sus potencialidades. De lo contrario, ninguna forma de organización empresarial -incluyendo obviamente la asociativa - habrá de encontrar las condiciones necesarias para que el fruto de su esfuerzo arroje los resultados esperados.
En cuanto a la consolidación de la territorialidad y el arraigo de la población en sus lugares de origen, se trata de una cuestión de Estado de la más alta importancia, que debe involucrar a todas las fuerzas políticas y sociales y se relaciona con la necesidad impostergable de recrear el federalismo como base para una Argentina viable.
No coincidimos con la metodología de trabajo impuesta para llevar adelante semejante proyecto nacional. La extensión territorial que comprende nuestro sector necesita de otros tiempos y la resolución inconsulta por parte de las instituciones no es el estilo de trabajo. Nos hemos comprometidos a dar nuestro aporte y así lo estamos haciendo, pero con nuestros tiempos y nuestra responsabilidad.